

Quién mejor sino para
Escalarse arrastrándose
Hasta el borde del punto
Más infinito del alba
Para ensordecer
Con eco de trueno
Y garganta entregada
(la miel en los surcos
Del pétalo a pétalo
Que desviste a la espina)
Un canto de fosa pálida
Cardumen de espejos
Destellando el sol al río
El viento como navaja al pecho;
La musa que respira dormida
bajo la cobija de la belleza y la inexistencia
del ulular su forma a pedido del día;
Hila al poeta
Para que a fragmento de pluma cálida
Destruya la pasión al universo que lo nace
Para que logre por sobre todas sus letras,
Por sobre todo el resto de las hojas
O los pies muertos;
La suavidad ante sus ojos,
Toco tu sonido por sobre cualquiera de estos ríos primitivos. Una no duerme, una no se siente, una juega las luces, una se recuesta; Todas deambulan por los mismos accidentes geográficos del día insomne en las arrugas de la memoria, por cualquier grieta de estas paredes, o las sucias partículas esparcidas por el piso (o solo el tiempo); Cualquier pequeño espacio para acunarse como en un suave refugio dormido. Toco tu halo con los ojos hundidos en la nuca y se me hace como una llovizna que paraliza el deambule histérico-celular interno. Porque todo este revuelo de peces que se vuelan y se vuelan no se destapan ni cuarto de branquia a la sombra solar, son como manchas a cualquier ajeno ocular (aprecie movimientos eléctricos al desprenderse que a tal fase la alerta desorbita el sentir). Toco tu aroma de almohada cálida y llueve de nuevo, más aún justo en estas arrugas, de esta memoria mojada, que destella con rose de júbilo el haberse suicidado con las agujas del reloj tan incomparablemente precoces. A risa pequeña me sobreactúo modesta; pero no es sino lo realista brillándole a cada gota su panza, que me trae como una hierba cómoda, una mañana entredormida y un par de piedras del azar que mejor que nunca publicitan lo bueno de lo que a eso que a veces llaman “destino” refiere. (Nunca creí qué). Pero no es sino la lluvia liviana, el rocío sobre la frente luego del sol derramándose por un borde del cuello, la presencia y el silencio de su desmayo, la arruga que se convierte en hendidura al pecho insípido por afán de dependencia onírica. Palpito tu dedo Palpo tu día Precipito sin deseo adrede tu diluvio (Porque sé). Toco tu lluvia y me sumerjo, en cada uno de estos ríos primitivos desconectando toda voz. Pero me muerdo una aleta. Y me destiño al vuelo, para germinar tu sombra bajo tierra,
y luego quebrarla como con brisa de pincel a la luz.

confesión de una larga noche irreal,
desnudos al acecho de la claridad,
claro de luna, continuo el final.
desde el principio y hasta la eternidad,
desde el principio y hasta la eternidad.
hoy no encontré puertas en el mar,
y caí de raíces a la humanidad,
deshumanizada, a decir verdad,
aunque las verdades no abunden acá,
aunque las verdades no importen acá.
conocí un hombre de alma pura y leal,
ahorcándose valiente hasta sentir bondad,
en una copa revuelta por el estupor,
de su cordura, gárgara del terror.
de su cordura, gárgara del terror.
parado estoy al borde de esta locura,
rogándole voz a la noche oscura,
como llorar si nada tiene cura,
en esta sanidad, que pronto coagula,
en esta sanidad que pronto madura.
confesión de una larga noche irreal,
todo el principio regresa al final,
ya se vislumbra otra puerta en el mar,
y me entrego al vientre de la oscuridad,
y temeroso vuelvo a despertar.
La manzana cromatica protoplasmatica